Aprender a aprender desde el primer semestre
Los cursos que acompañan el ingreso de los estudiantes a la vida universitaria ofrecen una oportunidad privilegiada para que empiecen a comprender cómo se construye el conocimiento en su campo de estudio. También para entender qué formas de pensar, resolver problemas, crear y argumentar caracterizan su disciplina o, en términos más amplios, qué significa actuar como miembro de esa comunidad académica. Las decisiones que toman los profesores en esas primeras semanas contribuyen a hacer visibles esas prácticas y a que los estudiantes comiencen a comprender no sólo qué aprenden, sino también cómo aprenden a lo largo de su trayectoria universitaria.
La actividad desarrollada por la profesora Manuela Fernández para el curso ¿Cómo se conoce en las ciencias sociales? ilustra cómo esas decisiones pedagógicas pueden traducirse en una experiencia concreta de aprendizaje. Ella invitó a sus estudiantes a conversar sobre cómo aprenden, cómo construyen criterios para evaluar la información y qué lugar ocupan el pensamiento crítico, la reflexión ética y el uso de la Inteligencia Artificial Generativa (IAGen) en ese proceso.
La actividad surgió en el marco de la convocatoria institucional para la integración de la IAGen en los cursos de la Universidad. Manuela partió de una preocupación que consideraba especialmente relevante:
Los estudiantes que ingresan a la universidad deben adaptarse a nuevas formas de leer, escribir, argumentar y construir conocimiento, al tiempo que tienen acceso permanente a herramientas capaces de producir respuestas en cuestión de segundos. En ese contexto, la posibilidad de obtener respuestas de manera inmediata puede llevar a que los estudiantes privilegien la inmediatez sobre los procesos de análisis y comprensión.
En lugar de prohibir el uso de la herramienta, decidió integrarla deliberadamente desde el inicio del semestre para hacer visibles las prácticas académicas que el curso buscaba fortalecer: leer, identificar argumentos, formular preguntas, contrastar ideas y construir criterios para evaluar la información. Con ese propósito, diseñó un taller en el que los estudiantes combinaron la lectura de un texto sobre qué hace un científico social con el análisis de los Lineamientos para el uso de la inteligencia artificial generativa de la Universidad.
La experiencia se desarrolló en cuatro momentos:
En general, la implementación de la actividad permitió alcanzar los propósitos previstos. Al mismo tiempo, hizo visibles aspectos del proceso de aprendizaje de los estudiantes que orientaron nuevas decisiones pedagógicas. Entre los hallazgos más relevantes estuvo confirmar que la lectura académica constituye uno de los principales desafíos para muchos de los estudiantes. Los tiempos previstos en el diseño de la actividad resultaron insuficientes para comprender el texto, identificar la tesis y reconocer los argumentos que la sustentaban. La profesora también observó que algunos grupos tuvieron dificultades para interpretar y seguir las instrucciones de la actividad, una situación que podría estar relacionada con esos mismos retos de comprensión lectora.
Como respuesta a esta situación, Manuela fortaleció el acompañamiento durante la lectura, explicó conceptos como tesis, argumentos e ideas centrales, aclaró las dudas que surgían durante el ejercicio y construyó con los estudiantes una comprensión compartida del texto antes de avanzar hacia las siguientes etapas de la actividad.
La actividad también mostró un contraste interesante entre la percepción de los estudiantes y las observaciones de la profesora. Mientras que en la evaluación de la experiencia los estudiantes señalaron haber revisado cuidadosamente las respuestas generadas por la herramienta antes de utilizarlas, haber identificado errores, sesgos y argumentos débiles y haber fortalecido su capacidad de análisis sin sustituir su propia reflexión, Manuela observó durante la actividad que varios grupos tendían a aceptar las respuestas de la IAGen sin analizarlas con la profundidad esperada.
La observación de Manuela dialoga con estudios recientes sobre alfabetización en IA en educación superior, que señalan que uno de los principales desafíos no radica únicamente en el uso de estas herramientas, sino en el desarrollo de capacidades para evaluar críticamente la información que generan (Digital Education Council, 2026). En este contexto, la experiencia pone de manifiesto la necesidad de diseñar actividades que ofrezcan oportunidades sistemáticas para que los estudiantes contrasten información, argumenten sus decisiones y construyan criterios para valorar críticamente las respuestas de la IAGen.
Desde la perspectiva de los estudiantes, uno de los aspectos más valorados de la experiencia fue la secuencia didáctica propuesta. Destacaron la importancia de realizar primero una lectura y un análisis propios del texto antes de consultar la IAGen, reconociendo el valor de la herramienta cuando se incorpora como apoyo a un proceso de comprensión ya iniciado.
Lo que esta experiencia nos invita a considerar
La rapidez con la que la inteligencia artificial ha llegado a las aulas ha llevado a centrar buena parte de la conversación en la necesidad de regular y declarar su uso. Sin embargo, experiencias como esta muestran que su mayor potencial pedagógico puede estar en las preguntas que nos invita a reformular sobre la enseñanza. Además de preguntarnos cuándo y cómo usar la tecnología, resulta indispensable revisar qué formas de razonar esperamos que desarrollen los estudiantes, qué procesos de aprendizaje requieren mayor acompañamiento y cómo los hacemos visibles durante la enseñanza.
La experiencia también pone de relieve que el desarrollo de capacidades como la lectura académica, la argumentación, la interacción con la IAGen y el análisis crítico de la información que esta genera, al igual que cualquier otro aprendizaje, requiere tiempo, continuidad y retroalimentación. Una actividad cuidadosamente diseñada puede constituir un punto de partida valioso, pero resulta insuficiente para desarrollar capacidades que se construyen progresivamente a lo largo de la formación universitaria.
Quizá uno de los mayores aportes de la experiencia sea mostrar que integrar la IAGen en el aula no significa enseñar tecnología, sino aprovecharla para fortalecer aprendizajes que seguirán siendo fundamentales a lo largo de la formación universitaria. En este caso, más que aprender a usar una herramienta, los estudiantes fortalecen paulatinamente sus capacidades para leer con mayor profundidad, argumentar con fundamento, analizar críticamente la información y construir criterios para orientar su propio aprendizaje en un contexto cada vez más digitalizado. En eso consiste, precisamente, aprender a aprender, y por ello es fundamental que ese proceso comience desde el primer semestre.
Escrito por Alexa Tatiana Jiménez Heredia, líder pedagógica en DIDACTA y Natalia Parra Estrada, asesora pedagógica en DIDACTA.